Dirección

Eduardo Barreiros Nº 6 - 28041 - Madrid
Tel: 91 317 84 41 / 42 - Fax: 91 317 77 15

FUNDACIÓN MONTEMADRID

La pequeña de dos años, que vive Newton (EE UU) y es muy extrovertida, no comprendía que le negaran la palabra

Samantha Savitz es una niña de dos años que tiene, o tenía, un serio problema. Nadie la entendía. Ella, que es muy habladora, hacía todo lo posible para entablar conversación con sus vecinos, aunque no había manera. Todos la sonreían y le hacían gestos con las manos, pero se sentían frustrados porque no acababan de comprender a aquella comunicativa pequeña que se desvivía por ser simpática. Samantha es sorda y su problema no es ese, sino la incapacidad de sus vecinos para leer sus palabras. Es que ella utiliza el lenguaje de signos y no todos lo conocen.

A sus dos años, la niña, que vive en uno de los extremos de Islington Road, una calle de la ciudad de Newton, en Massachusetts, tampoco acababa de comprender el silencio de toda esa gente con la que se cruzaba. Ella, de natural extrovertida, hacía todo lo posible para charlar con ellos pero, por lo visto, no se le había ocurrido que pudieran hablar un idioma diferente. Para Samantha aquello era un tanto desconcertante. Para los vecinos de Islington Road, un motivo de tristeza. Hasta que tuvieron una idea.

Puntualidad en la clase
Se reunieron y empezaron a cavilar qué se podía hacer para poner remedio a tanta incomunicación, hasta que llegaron a la conclusión de que no les quedaba otra que volver al colegio, así que se pusieron manos a la obra. Contrataron a Rhys McGovern, un instructor que comenzó a enseñarles las expresiones y gestos necesarios para que Samantha se sintiera escuchada. Los habitantes de Newton, que desde entonces acuden puntualmente a sus clases, han ido ampliando su vocabulario y ya mantienen pequeñas conversaciones con la niña, que ha descubierto que sus vecinos no solo son simpáticos, sino también buenas personas.

El profesor McGovern aún no sale de su asombro. «No es nada común que los vecinos de una calle decidan aprender el lenguaje de signos para hablar con una niña. Es algo notable porque, muchas veces, incluso los padres de niños sordos no se molestan en hacerlo», afirmó. Y no solo eso, sino que en las clases participa la propia Samantha, que hace lo que puede para enseñar a los alumnos los entresijos de su lenguaje. «Aquí tiene una comunidad completa que está comunicándose con ella. Es una historia hermosa», no deja de repetir el instructor a quien quiere escucharle.

Los que se han quedado sin palabras son los padres de la pequeña, que no saben cómo mostrar su agradecimiento a los vecinos. «Es impactante, lo que sentimos no se puede expresar en ningún idioma», dice Glenda, la madre. Samantha, en cambio, sí sabe qué decir. Desde que sus vecinos le dirigen la palabra, aguarda ansiosa la hora de la merienda para salir al parque a charlar. «Deberías verla, lo primero que nos dice es 'amiga'», explica una vecina.

CONDICIONES DE USO DEL SITIO WEB | AVISO LEGAL